
Todos comemos felizmente los huevos o conejos de chocolate en pascuas, ¿pero alguien sabe de donde proviene esta tradición?. Diario la contra inició la búsqueda del origen de este simbolismo y logró desmentir todas las demás teorías. Algunos dicen que la cáscara representa la tumba en la que Jesús estuvo sepultado, y es por esta razón que el huevo se quiebra el domingo santo. Con respecto de la pintura y los dibujos que lo decoran, se dice que para mantenerlo durante la cuaresma lo bañaban con cera líquida. Del conejo, habla una leyenda alemana que una familia tenía la costumbre de esconder los huevos y los niños los buscaban por la casa. Una pascua, donde estaban escondidos los chocolates, apareció un conejo y ellos pensaron que era quien le había traído el regalo. También se cuenta que el conejo salió de la cueva donde resucito Jesús y era el enviado de avisarle a todos los seres de la tierra. Para los alemanes este animal simboliza la nueva vida, porque se reproducen mucho en primavera. “La Contra” ha descubierto que todas estas historias son patrañas. El grupo selecto de investigadores del diario ha encontrado una ilustración de la época, la cual dio el inició a nuestra expedición: “en busca de la verdad del conejo”. En base a esta obra (ver ilustración) de un autor anónimo de aquél siglo, hemos podido conocer la causa de la existencia de esta tradición.
Judas, organizo una fiesta para festejar la crucifixión del hijo de Dios. La consigna era ir disfrazado. Naturalmente había mucho alcohol, y varios de los invitados se emborracharon. Cuando todo termino uno de ellos que estaba disfrazado de conejo, camino a su hogar pasó por un gallinero y agarró un par de huevos. Con el pensamiento de ebrio, dijo vamos: a tirarle huevos a ese revolucionario judío perseguido. Los guardias que estaban cuidando a los crucificados, también andaban pasado de copas, ya que hacer guardia toda la noche era un trabajo tedioso. Estos medios dormidos y alcoholizados, vieron a un conejo gigante que estaba arrojándole huevos a Jesús. Lo contaron por el pueblo y así nació la costumbre de romper los huevos y conejos, simbolizando la bronca a ese conejo agresivo, visto un día antes de la resurrección.
